Desahogo
Terminé las frases con un punto y aparte. No dejé lugar a que hubiese otro final. Quería al fin poder pasar página y olvidarme de todas las palabras vacías y sin sentido que dije durante tanto tiempo y por eso empecé a callarme, a no decir lo que siento, a no ser yo la que siempre al alzar la voz se equivocase, a dejar que otros pusiesen en mí palabras y sentimientos que nadie nunca se molestó en confirmar. Dejé de ser yo misma. Cambié mi nombre por el de “aquella chica” y comencé poco a poco a dejarme llevar en mundos y fantasías que no eran las mías. A alegrarme por cosas que antes me hubiesen hecho llorar, a replantearme por un instante olvidarme de todo lo que un día fui. Me había traicionado y eso es algo que np sería capaz de perdonarme. Nunca llegué a darme cuenta de todo lo que eso suponía, pues mi mente estaba ocupada con travesías en única frecuencia, llamémosla dulce ignorancia.
Y así fue como seguí el camino y acabé donde mis pasos me llevaron, a un destino incierto y dócil, en el que no había afán de transformarse. Y me dejé llevar, cerrando poco a poco las puertas y las ventanas, ahogando lo único auténtico que conseguí encontrar en mis anteriores recuerdos.
Con el paso del tiempo, veloz y como siempre altivo, el velo que cubría mis ojos se fue desprendiendo, y la antes total oscuridad se tornó como un hilo deslumbrante de Nuevo Mundo. El Nuevo Mundo que no era ni mío ni que nunca lo será.

(Autor: Much)
Dejé de ser la que era para ser la que soy. La niña, la chica, la mujer, la anciana y finalmente, la NADA.

“Dulce ignorancia”, ignorancia sí, pero qué dulce, ¿acaso no vivimos en la más alta ignorancia?, ¿acaso no nos acostumbramos a vivir en su dulzura, y en su constante mentira? Si desconoces la verdad, si crees tuya la verdad, nunca habrás traicionado tu esencia, tu ser, tu verdad, que a fin de cuentas, es la única que cuenta.