Los tres caminos

Hace cinco años, una joven de dieciseis años emprendió rumbo a lo desconocido. Un día sin más echó a andar.Sin parar. Caminó y caminó, sin saber a dónde, conducida por sus pies, guiada por su instinto. No importaba el dónde, ni el cúando, sino el cómo y el por qué.
Un día, después de atravesar un bosque, llegó a un claro, lleno de flores y viejos abedules, cerca, se oía el rumor de un riachuelo. Y en mitad del claro, tan sólo una gran piedra negra. Se sentó para descansar, pues era humano el retrasarse unos segundos para disfrutar de la tranquilidad del momento y tras hacerlo, tres caminos, delianeados por pequeños surcos arenosos aparecieron a sus pies. Cada uno perdiéndose en la lejanía por tres lugares diferentes. Junto a ellos, había tres plaquitas. El camino de la derecha, corto y sencillo. El paso directo a tu yo conformista. El camino del medio, el cual indicaba un paseo sin grandes sobresaltos, sin pena ni gloria. Rumbo fijo hacia un yo cualquiera, y el último camino, el largo y tortuoso, donde sólo se leia una única frase. Mi propio yo.

La joven se quedó atónita. Pasó muchos días, sentada en la piedra, esperándo saber qué decisión tomar. No quería demorarse más en el camino. Había perdido mucho tiempo ya en aquel lugar. Sus piernas ansiaban seguir caminando.

-Está bien, se dijo, tomaré mi última noche aquí, sólo mi última noche.- Y con esas palabras cerró los ojos y se sumió en un sueño profundo. A mitad de la noche, despertó sobresaltada y vió cómo una figura se acercaba por el camino más corto. Por fín, a la luz de la luna, vió de qué se trataba. Era ella misma, con unos años más, pero… no… no era ella. Faltaba algo. Ese yo futuro había perdido la confianza. Pues nunca hizo nada por sí mismo. Nunca luchó por conseguir lo que quería. Era pues un títere. Errante siguió caminando e igual que apareció se perdió en la noche. Todo quedó en silencio por unos minutos y la joven volvió a cerrar los ojos.
Al cabo de lo que para ella fueros horas, de nuevo, otro ruido, unos pasos arrastrados que provenían del camino del medio. Esta vez, se volvió sabiendo lo que iba a ver. Y esperanzada por ver algo mejor, se vió a si misma, pero no vió nada más. Sólo eso. Esa segunda aparición no tenía ya ilusiones, vivía el día a día sin más. Sin contar los días, pues nada sucedía.
La chica ya no podía cerrar los ojos, sabía lo que pasaba, quedaba un camino, sólo uno, largo y tortuoso. Se imaginó a si misma vestida en harapos, cansada por el ezfuerzo, pues habiéndolo pensado fríamente… ¿Quién elegiría el camino díficil?

Esperó y esperó pero no apareció nadie ni nada, ni siquiera cuando el sol asomó timidamente por el horizonte anunciando un nuevo día.
La chica no lo entendía. ¿Qué había pasado? Se desperezó, casi decidida de la piedra, a punto de poner un pie en uno de los caminos, cuando de repente oyó una voz que le dijo. ¡¡Quieta!!, no lo hagas. Espera!. Aún tengo algo que mostrarte.
Asustada giró la vista hasta el tercer camino. Nada. Silencio. Tranquilidad. Seguramente alguien intentaba tomarla el pelo, se dijo a si misma. No tengo que hacer caso a extraños que no saben nada de mí.
Volvió a girarse con la intención de incorporarse y acabar lo que había empezado cuando de repente, de la forma más tonta posible, cayó al suelo, chocando contra la suave hierba verde, la cual amortiguó su caida. Riéndose por su torpeza se incorporó, como si nada hubiese pasado y justo cuando iba a dar el paso se paró en seco. Lo había comprendido… se había levantado. Después de caerse de había levantado…
Así pues, la joven, se dirigió hacia el tercer camino, el que se mostraba como el más dificil, como el más doloroso, es más eterno, y sin vacilación introdujo un pie en el, después el otro y así sin más comenzó a caminar. Sabía que, a pesar de que cayese, de los obstáculos, de las adversidades, si se había levantado una vez, podría volverlo a hacer.
Y siguió caminando, muchos días, semanas,años, y al final de su vida, después de tanto caminar, un día, volvió de nuevo a encontrarse misteriosamente en el claro dónde decidió quién ser por primera vez. Y para satisfacción suya, al sentarse de nuevo en aquella piedra negra, no apareció nunca más ningún camino. Pues ya no tenía que ser nadie, ya había alcanzado su meta, había sido ella misma, había vivido una vida intensa, llena de aventuras, de dificiles decisiones, había conseguido, ser dueña de sí misma. Se tumbó, cerró los ojos y se dejó caer en un sueño del que nunca más volvió a despertar, eso sí, con una sonrisa permanente en su rostro.


(Autor: Cezanne)

~ por Bibi_Bikun en 01/08/2011.

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